LA POSMODERNIDAD DEMENCIAL, llevada por demonios, HINCHÓ EL EGO de los idiotas sin Dios y su rebeldía anárquica contra roda ley moral y natural. Francisco de Asis fue enviado para que la Iglesia fuera de nuevo pobre y militante. Más los mundanos VIVIDORES de Roma no obedecieron y así es que aconteció toda la merdada moderna en la Iglesia y la CRISTIANDAD: PROTESTANTES, MASONERIA, MARXISMO, etc.
SOLO EL EVANGELIO puro y duro!
Los Legionarios de Cristo abren un proceso canónico al sacerdote exsecretario de Marcial Maciel
El director del colegio, del que muchas familias piden su cese, ha reconocido que fue un error nombrarle y haber insistido en que el sacerdote continuase en el colegio a pesar de que un grupo de familias en 2023 le expresaron su disconformidad con que estuviese en el colegio con menores un sacerdote que había sido secretario de Maciel.
El colegio reconoce que esta disconformidad de algunas familias no era algo novedoso ya que en el año 2015 familias del colegio Highlands Los Fresnos se quejaron de la presencia de este sacerdote como capellán a raíz de las informaciones publicadas por InfoVaticana en ese año y el anterior. Según informan ahora, se le pidió al sacerdote que se incorporase a un trabajo secretarial en Roma, y no continuó en el colegio. Después de su periplo por Roma, el sacerdote volvió a trabajar en colegios y estuvo cinco meses en el de Valencia (de octubre del 2019 a mayo del 2020) también como capellán de infantil del colegio del Regnum Christi de Valencia.
EN INFOVATICANA
LOS DE MENTE DURA y CORAZON BLANDO son los santos.
LOS de MENTE BLANDA y CORAZON DURO son los imbéciles. P. CASTELLANI
Los mediocres, borregos, calculadores, éguicos, etc.
Victor Diaz
Y siguen creyendo que transmitió un carisma y que fue sólo un renglón torcido de Dios que permitió que se fundara la legión, y la prueba es que hay gente buena... ¡¡Más bien se aprovecharon de la gente buena para manejarla con sus prácticas sectarias y ahora los tienen amando la legión y defendiendo lo indefendible!!
La única realidad, es que tienen muchos casos guardados, y bien tapados. Y si usted No tiene información veraz , Y ni put. idea de lo que en en esa secta ( y otras), ocurre,
Marcial Maciel
Proveniente de Cotija, un pueblo pequeño del occidente de México, con una educación religiosa de apenas 18 meses, expulsado de tres seminarios y, desde joven, investigado por abuso sexual y morfinomanía, Marcial Maciel Degollado fue capaz de construir un emporio religioso, educativo y empresarial valuado en 25 mil millones de euros (según el periodista español Jesús Rodríguez, autor de La confesión: las extrañas andanzas de los Legionarios de Cristo); de formar un ejército de 65 mil laicos, 700 sacerdotes y mil mujeres consagradas a su servicio, además de una red de unos 100 colegios y universidades en 20 países. Pero lo asombroso de su biografía fue su capacidad de crear cómplices para su doble vida de pederasta (en privado) y de santo (en público), de sibarita millonario al que sus seguidores exaltaron al nivel de Jesús y encubrieron una historia de mentiras y crímenes que se extendió por sesenta años: “La consigna era ver a Cristo en la figura omnímoda de Marcial Maciel”, ha explicado Barba.
Su red de protección e influencia se extendió a los más ricos empresarios del país, presidentes de México, los cardenales de la curia vaticana, y llegó a su culmen con Juan Pablo II. A sus víctimas de abuso sexual, Maciel las convirtió también en cómplices: algunos de ellos no sólo negaron haber sido violentados sino que le llevaron más ovejas a su lecho de lobo y, hubo quienes se convirtieron en abusadores sexuales ellos mismos, encubiertos a su vez por el fundador legionario.
Marcial Maciel fundó la orden de los Misioneros del Sagrado Corazón y la Virgen de los Dolores (el nombre original de la Legión de Cristo) el 3 de enero de 1941, a los 20 años de edad, con 13 niños púberes que él mismo había reclutado en pueblos del occidente de México.
El historiador Fernando M. González, que tuvo acceso al voluminoso expediente de Maciel en el archivo secreto del Vaticano, y recogió decenas de testimonios presentados en el libro Marcial Maciel. Los legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos (Tusquets, 2006), reconstruyó los primeros años de la vida en la congregación: Entre los niños de su seminario Maciel fomentó la leyenda de que dormía en un ataúd a donde iba el demonio a perturbar su sueño; que multiplicaba las hostias durante la eucaristía mientras lo invadía un éxtasis místico, y que era capaz de leer la mente de sus seminaristas con sólo mirarlos a los ojos. Maciel también los educó en un discurso antisemita, filonazi y franquista, que abandonó cuando pasó de moda.
Marcial tuvo cuatro tíos obispos y uno de sus tíos maternos, Jesús Degollado Guízar, fue el general en jefe de los cristeros. A sus hagiógrafos, Maciel contó su vida en clave de santidad, como un niño que arriesgaba el pellejo para llevar la eucaristía a los pobres durante la persecución religiosa callista. En la década de los noventa, la Legión de Cristo inició los trámites para canonizar a la madre del fundador, Maura Degollado. Maura Degollado subió el primer escalón hacia los altares cuando fue nombrada Sierva de Dios. Pero tras el escándalo de su hijo los trámites se cancelaron. Hubieran tratado de canonizar a Maciel de no haberse topado con la tenacidad de José Barba y el grupo de denunciantes.
De acuerdo con los documentos que recabó González, la Iglesia católica supo que Maciel había abusado de un seminarista de 13 años desde el lejano 1944. Los obispos Sergio Méndez Arceo y Miguel Darío Miranda, desde la década de 1950, reclamaron a la Santa Sede una investigación por las acusaciones de pedofilia y adicción a la Dolantina que denunciaron los dos hombres más cercanos a Maciel en aquel entonces, el vicario general Luis Ferreira Correa y su secretario particular Federico Domínguez.
Para comprender la primera seducción de Maciel al Vaticano el lector debe ubicarse en Roma en 1946, entre las ruinas de una ciudad devastada por la Segunda Guerra Mundial. Un joven de 26 años, ordenado por uno de sus tíos obispos sin haber concluido (y quizá ni siquiera empezado) los estudios sacerdotales, llegó a esa ciudad a instalar la sede de su naciente congregación religiosa. Jason Berry, el periodista estadounidense que destapó el escándalo de los abusos sexuales en 1997, escribió en un artículo reciente que Maciel accedió a los cardenales Clemente Micara y Nicola Canali gracias a la recomendación del presidente mexicano Miguel Alemán Valdés.
Micara era el encargado pontificio de la reconstrucción de Roma, mientras que Canali se desempeñaba como gobernador del Vaticano. Maciel, afirma Berry, le entregó a Micara 10 mil dólares en efectivo, una fortuna entonces. José Barba asegura que Maciel construyó una red de complicidades en el Vaticano a fuerza de sobornos, artes sexuales y regalos que iban desde coches Mercedes Benz hasta departamentos, como el que le regaló al cardenal argentino Eduardo Pironio.
Alfonso Gonzalez Gonzalez
Desde joven, Maciel hizo de la Legión de Cristo y de su propia persona una industria de recaudación de dinero. Al estilo medieval de la venta de bulas, ofreció a los empresarios la salvación a cambio de generosos donativos. Flora Garza afirma que su madre, la viuda Flora Barragán de Garza, le dio a Maciel unos 50 millones de dólares a lo largo de los años y si se salvó de la ruina fue porque sus hijos no la dejaron comprar su último peldaño al Cielo: “fue una especie de enamoramiento; mi madre tuvo la certeza de que se trataba de un santo”, ha declarado Garza Barragán.
El dinero fue la seña de identidad de Marcial Maciel y su congregación. Federico Domínguez, su primer secretario particular, y Juan José Vaca, quien fuera su esclavo sexual y emocional durante once años, contaron —en documentos obtenidos por González— que Maciel sólo volaba en primera clase; con el argumento de que la pobreza debía ser digna, comía en los mejores restaurantes y se hospedaba, bajo identidades falsas, en los hoteles más caros del mundo. Cargaba con miles de dólares en efectivo que gastaba, en parte, en cajas de Dolantina, un derivado de la morfina a la que fue adicto cuando menos hasta la década del setenta. Jason Berry y Gerald Renner escribieron en Vows of Silence. The Abuse of Power in the Papacy of John Paul II que Maciel cruzaba el Atlántico en los carísimos vuelos del Concorde y acudía a sus citas en helicóptero.
Flora Barragán fue la primera de una lista de ricos que le prodigaron donativos, protección política y favores. Uno de los casos más notorios fue el de los hermanos Lorenzo y Roberto Servitje, que amenazaron con retirar su publicidad del Canal 40 si éste difundía los testimonios de los denunciantes de abuso sexual a Maciel, y lo cumplieron (Lorenzo se disculpó públicamente en 2010). El manto protector a Maciel consiguió, entre 1997 y 2002, que el tema estuviera vedado a los medios de comunicación. Incluso, el 17 de abril de 1997, apenas tres días después de que el diario mexicano La Jornada publicara los testimonios de abuso sexual, Maciel celebró la misa funeraria de Emilio Azcárraga Milmo en las instalaciones de Televisa.
La acumulación de denuncias no impidió que, en 2004, Carlos Slim —a quien casó con Soumaya Domit en 1966— lo arropara en el Hotel Plaza de Nueva York. Maciel recaudó aquella noche 750 mil dólares entre los ricos de México, y el propio Slim le ofreció financiar 50 colegios legionarios para niños pobres.
“Casi todos los clanes prominentes de Monterrey tienen un hijo que es sacerdote de la Legión o una hija que es señorita consagrada del Regnum Christi (el brazo laico de los legionarios)”, escribió el periodista José de Córdoba en The Wall Street Journal en su reseña de la cena con Slim.
Maciel fue artífice de la primera visita del papa Juan Pablo II a México en 1979. Un sacerdote legionario, Carlos Mora, era el capellán de Los Pinos y confesor de la madre y la hermana del presidente José López Portillo, una valiosa llave de negociación cuando todavía no había relaciones diplomáticas con el Vaticano. El fundador legionario viajó en el avión papal a México.
La familiaridad entre Maciel y Juan Pablo II la ilustra una anécdota que me contó un sacerdote, que viajó al Vaticano en el séquito de un arzobispo mexicano a principios de la década pasada. Al calor de los limoncellos —un licor italiano—, el arzobispo invitó a sus acompañantes a la audiencia privada con el Papa, programada al otro día. Mientras el arzobispo y los curas esperaban al pontífice en su biblioteca personal, vieron pasar a Marcial Maciel, quien se paseaba por las habitaciones privadas de Karol Wojtyla como Pedro por su casa (nunca mejor aplicado este lugar común). Los saludó cortésmente y se metió a una de las recámaras.
El imperio de Maciel estuvo a punto de ser arrancado de raíz entre 1956 y 1959, cuando el Vaticano ordenó una investigación a la congregación de los Legionarios de Cristo por las denuncias de abusos sexuales y drogadicción de Maciel, entonces de 37 años, y lo separó de la orden durante casi tres años. El fundador legionario eludió la extinción de su organización y de su carrera gracias a la conformación sectaria —como la llama el historiador González— de la Legión de Cristo y a sus contactos de más alto nivel en el Vaticano.
Pero todos ellos mintieron en apego al voto privado de la Legión, de no criticar a sus superiores y denunciar a quien lo hiciera; porque lo creían santo y porque Maciel les dijo que el demonio había infiltrado al Vaticano y a los representantes de la Sagrada Congregación de Religiosos (SCR), que pretendían destruir a la Iglesia.
“Como Teseo entraron los fallidos ‘visitadores apostólicos’ a aprehender al depredador Minotauro y fuimos nosotros, sus propias víctimas, extrañamente, los muros mismos de su laberinto protector”, escribió Barba en 2002 en un texto llamado “Las razones de mi silencio”.
Aun así, Anastasio Ballestrero, superior general de los Carmelitas Descalzos y jefe de la inspección pontificia, se dio cuenta de que estaba siendo engañado por seminaristas que consideró fanatizados y, amparado sólo en el desorden administrativo, doctrinal y de gobierno, recomendó la extinción paulatina de la Legión de Cristo y la absoluta separación de Maciel de sus correligionarios.
Pero ocurrió lo contrario.
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